Como podrás comprobar por tu propia cuenta, en nuestra sociedad, tomarnos 1:30 minutos para escuchar al otro con total atención, se ha convertido en una “misión imposible”.
El incontenible impulso de querer hablar y considerar nuestra verdad como la más importante y oportuna, nos ha convertido, casi sin darnos cuenta, en seres absolutamente apáticos ante la vida de quienes nos rodean.
Por lo visto, en la que algunos dan por llamar “la sociedad de los sermones”, a la que nos estamos acostumbrados, sin dudas, es más fácil hablar que callar.
Por lo visto, en la que algunos dan por llamar “la sociedad de los sermones”, a la que nos estamos acostumbrados, sin dudas, es más fácil hablar que callar.
La propuesta no es justamente desafiarnos a evitar poner el piloto automático y cara de mejor oidor a la hora de escuchar a las personas con quienes compartimos cada día, sino a invertir un mínimo de tu tiempo en pos de conocer lo que aquellos en verdad quieren decirte.
dejar el yo!!!y a pensar y escuchar al projimo!!!!pongamoslo en obra gente:)
ResponderEliminarmuy buena reflexion....