La crítica no es el principio de nuestras soluciones, erróneamente pensamos que al abundar en críticas podremos cambiar la vida de un apersona.
Preferiría no tener la necesidad de hacerlo, pero me resulta inevitable. Después de varios meses lejos de mí ciudad, a modo de prueba, puse exclusiva atención en la cantidad de veces que uno de nosotros expresa alguna queja. Y créame que me quedé muy impresionado al conocer que la mayor parte de nuestras palabras, de nuestros gestos, de nuestras emociones, y situaciones por día tienen que ver con algún desgraciado motivo de crítica.
Casi sin darnos cuenta pasamos la mayor parte de la vida quejándonos de alguna situación. Nos convertimos en adeptos a la crítica pensando que al abundar la crítica cooperamos para mejorar a alguien. Pero definitivamente no es así.
Le invito a examinar más detenidamente esta conducta social que inevitablemente nos involucra.
Me pregunto si hay alguien que racionalmente desearía, por iniciativa propia, escarbar constantemente en ese basural ideológico que es el ejercicio de quejarse todo el tiempo por alguna situación.
Sin embargo, nos hemos acostumbramos a idealizar situaciones en lugar de adaptarnos a ellas, ¡en lugar de enfocarnos en lo que nos hace bien insistimos en ese mal que no queremos!
Puedo compartirles un ejemplo simple y cotidiano que nos ayuda a pensar y que aún nos cuesta superar: Hace algunas semanas a un hombre que viaja, con su familia en su automóvil fue sancionado por llevar las luces de su auto apagadas. Desde el momento en que fue interceptado por los oficiales de seguridad el hombre comenzó a quejarse y lo siguió haciendo en reiteradas oportunidades durante el resto del viaje de regreso a su casa. El principal motivo era que había gastado más de lo previsto en su viaje. ¡Sin dudas la situación le había quitado la felicidad!
El resultado de su comportamiento determinó su estado emocional: El hombre se entristeció porque invirtió toda su vida en algo que es más importante que su propia existencia (desconoce que quizás ese policía de seguridad vial le estaba salvando la vida)
Es evidente que la queja no nos conduce a ningún lugar feliz, todo lo contrario; casi instintivamente vamos socavando nuestra personalidad creando tendencias depresivas frente a toda la realidad que nos rodea por creernos dueños de “lo que debería haber sido”.
¿Sólo una mala costumbre?
Situarnos en el mundo de la queja es una especie de ceguera contagiosa que nos induce a enfocarnos sólo en los aspectos negativos de los acontecimientos que vivimos. Nos convertimos en grandes fabricantes de perder la oportunidad de sentirnos bien y, por supuesto, hacer sentir bien al que está cerca de nosotros.
Pero, ¿Algún día podemos entonces escaparnos de ese lugar y experimentar el éxodo de la absoluta felicidad?
Para dejar de ser esclavos de nuestros pensamientos esquematizados y exageradamente pesimistas debemos experimentar la adoración a lo esencial de vivir. Es necesario romper con nuestros planes y proyectos en varios momentos del día y poner nuestra atención en que no contribuimos en cambiar a nadie sólo por abundar en críticas.
Ese es el comienzo para darnos cuenta que si renovamos la manera de pensar podremos cambiar cada situación negativa y convertirla en una posibilidad única para mejorarnos. Sólo debemos aprender a controlar nuestra visión sobre las cosas cotidianas, ejercitando la acción de gracia (la gratitud) ante situaciones que por el engaño de nuestro propio corazón nos parecían negativas.
Con frecuencia estamos dispuestos a marcar los errores de los otros pero no percibimos el daño que causa acusar al otro. Pueden significar heridas que personalmente no podremos sanar por nuestros medios.
¿A caso no es más efectivo decir a alguna de las personas con quienes convivimos: “!que bien lo que has logrado!” en lugar de decir “!...lo mucho que te falta, no creo que lo logres!”? ¿Quiénes somos nosotros para juzgar sin conocer? ¿Por qué razón tratamos de cambiar las vidas intentando imponer nuestra verdad sabiendo que de esta manera no se consigue ningún resultado favorable?
¡Sólo si modificamos nuestra actitud podremos hacer mucho más por los otros!
Franco J. Roggero