El poder de las palabras.

El escritor y periodista estadounidense y uno de los principales novelistas y cuentistas del siglo XX, Ernest Hemingway, dijo en una oportunidad: "Se necesitan dos años para aprender a hablar, y setenta para aprender a callar".
Indudablemente, la lengua tiene un poder que resulta dificil de dominar. Se necesita una vida para lograrlo.

viernes, 1 de agosto de 2014

Advertencia sobre una nueva “espiritualidad” y otras “soluciones rápidas”

Desde fines del siglo pasado y durante estos primeros años del nuevo milenio muchos encuentran en las personas un mayor interés por las cosas espirituales, “la mística”, “la contemplación” o “la meditación”. La búsqueda de la “espiritualidad” se propagó, posicionándose en lo más alto de las preferencias y se convirtió en un nuevo producto de consumo masivo, un nuevo recurso al que muchos acuden para escapar del cansancio y las presiones cotidianas. También surgieron por estos años nuevos gurús, líderes espirituales, adivinadores y supuestos hombres con poderes mágicos que ofrecen soluciones rápidas ante los problemas de la vida. Frente al creciente fenómeno cualquier vecino puede notar que existe básicamente una característica fundamental en esta clase de soluciones: ninguna tiene como epicentro a la caridad, el amor y la misericordia. Es un tipo de espiritualidad que sólo busca resultados fáciles y hedonistas y pretende (de todas las formas) evitar cualquier esfuerzo humano para alcanzar una meta o un sueño. Desde una perspectiva religiosa podríamos comprender que es una espiritualidad que se aleja de la Verdad y de Dios, que evita totalmente la responsabilidad humana y el dominio propio, otro camino que ha trazado la ética capitalista, una espiritualidad sin amor ni verdad, una espiritualidad adaptada a los requerimientos del mercado actual. En uno de sus libros el teólogo villamariense Alberto Roldán dijo que en nuestra época “hay muchos sentidos de espiritualidad, muchas corrientes, muchas manifestaciones. Leemos el diario y ofrecen muchas terapias espirituales. Encendemos el televisor y aparece una entrevista a alguien que es presentado como un especialista en ciertas técnicas conducentes al bienestar de la persona, a la armonía interior, a la paz, a la realización personal”. La espiritualidad, dijo, se reduce a algunas fórmulas casi mágicas, al aprendizaje de ciertas técnicas que, bien aprendidas y practicadas darán resultados inmediatos y cuantificables. Pero la espiritualidad verdadera está muy lejos de todo esto, la espiritualidad también incluye todo aquello que tiene que ver con la práctica de la relación con el otro, con el esfuerzo, con la oración, con el ejercicio de la fe, la esperanza, la compasión, el mantenimiento de la pureza, la paz, la paciencia del corazón, la búsqueda y el servicio. La verdadera espiritualidad, a diferencia de las soluciones “fast” que hoy están en boga, nos ayuda a discernir entre lo bueno y lo malo, no utiliza a Dios como un amuleto sino que nos invita a imitar su amor representado en su imagen visible: Jesucristo. La verdadera espiritualidad no es (ni será nunca) reducida a un facilismo que nos saque de apuros creados por nuevos genios y jamás deberemos pagar para encontrarnos con ella. Mi invitación en esta edición de “Desde la Azotea” es a que usted tenga especial cuidado con todas aquellas personas que se acercan con el fi n de engañarlo (porque ellos mismos fueron engañados, aunque sin saberlo) que le prometen soluciones fáciles y a bajo costo. 

Preocupados en “hacer”

Un espacio para teorizar sobre el mundo de las relaciones humanas.

Las presiones y las incertidumbres por las que transitan los ciudadanos hacen que muchos con frecuencia pierdan la calma y tomen decisiones equivocadas. He notado que un importante número de personas vive dependiendo, en gran medida, de los anuncios políticos y las especulaciones de famosos periodistas. Una rutina cada vez más enfocada en el movimiento de la economía y en los valores populares. La estética social de principios de siglo nos obliga a pensarnos primeramente por el lugar que ocupamos en una comunidad, por nuestra contribución en el sistema laboral y no por lo que realmente somos, por ejemplo, como padres de familia, como esposos o como compañeros de trabajo o amigos. Sin dudas, la alta competitividad del Estado actual, hace que tengamos (lastimosamente) una visión más enfocada en mirarnos como cosas que como personas, que prioricemos el “hacer” por sobre el “ser”. ¿Pero cuál es el límite de nuestras ocupaciones? Me lo pregunto porque cuando nos definimos, aun de manera individual, lo hacemos cada vez más pensando en nuestro estatus social que en, por ejemplo, las características de nuestra personalidad. Ésta es una tendencia repetida en el pensamiento lógico moderno que trasciende la esfera de lo laboral y profesional y alcanza los lugares más sensibles de la integridad humana. Mi invitación es a que, en un momento del día, dejemos de lado el personaje y saquemos a la luz quiénes somos, sin tener en cuenta nuestros “hacer” social. Espero que así podamos seguir siendo más parecidos a la persona de la intimidad que al personaje que muchas veces montamos en la vida pública y en la esfera laboral, con el que por momentos tendemos a escudarnos.

domingo, 12 de agosto de 2012

Acortar distancias


Comúnmente, la búsqueda de “otros” como protagonistas sociales nos han llevado a ignorar la importancia y los alcances de nuestra propia vida. Como consecuencia de esto, podremos notar que existe, en todas las esferas públicas, una pérdida de autoridad sobre lo que decimos y lo que hacemos, y sobre lo que entendemos ser y lo que somos en realidad. Generalmente, nuestras palabras van primeras en la carrera cotidiana, anunciando lo que queremos ser, pero no siempre somos capaces de alcanzar, con nuestros hechos, aquellos que decimos.
Éste fenómeno colectivo, con el paso del tiempo, viene causando profundas consecuencias a la hora de desarrollarnos como individuos y como sociedad. El distanciamiento entre lo que afirmamos ser y lo que realmente somos ha creado altas y gruesas murallas que nos separan de nuestras propias verdades y por consecuencia de nuestra relación con las personas que nos rodean, por el hecho de que lo que necesitamos como seres humanos no es solo un consejo, sino que lo que demandamos como sociedad es que al menos alguien nos garantice que es capaz de llevar a cabo, con su propia vida, aquello que predica.  
Por esta razón, es que el presente y el futuro pertenecen a los pocos que todavía están dispuestos a ensuciarse las manos, los que encuentran coherencia entre lo que dicen y lo que hacen. Éstos, a mi modo de ver, son los únicos capaces de conseguir autoridad ante el mundo, solamente porque son capaces de acortar la distancia que existe entre el decir y el hacer.
Mi invitación es a que puedas desafiarte a reducir esas distancias para que te conviertas finalmente en ese hombre o en esa mujer capaz de ejercer el dominio propio en homenaje de un valor fundamental en peligro de extinción: Tu plena verdad.  

domingo, 15 de abril de 2012

¿Cómo terminar bien?: Comenzando bien...


Es notable como las relaciones con algunas personas se ven dañadas en algún momento de nuestra vida.
Esto, en la mayoría de los casos, sigue siendo implicitamente el principal problema en la agenda de las sociedades.
Las pruebas aparentemente difíciles de superar, las diferencias intelectuales, las necesidades personales y las tradiciones culturales que nos hacen seres diferentes también se han convertido en una peligrosa herramienta a la hora de desarrollar acciónes compartidas.
Cada una de las personas sobre la faz de la tierra tiene una mirada única sobre las cosas - no importa el tiempo o la manera en que conocemos a la otra persona (puede ser alguien de nuestro entorno familiar)-, ésta es una condición sine qua non que debemos atravesar casi cotidianamente, por lo cual es necesario que retornemos a las bases de dichas relaciones. Nos vemos obligados a trabajar duro para crear cimientos firmes durante la etapa inicial de la relación.
Inevitablemente somos diferentes y por eso experimentamos diferencias casi cotidiana, sobre todo si no ocurre un hecho doloroso que nos haga más sensible ante los demás.
Sin embargo, cuando desarrollamos alguna relación con alguien de nuestro entorno hay una única manera de terminar bien: Comenzando bien. Este es el mapa de ruta del que camina hacia un encuentro real con "el otro" o el plano del constructor que aspira a disfrutar de relaciones sobre cimientos sólidos.
Nuestro trabajo será construir, en primera medida, sobre lo que es real y no sobre las emociones que muchas veces son preconceptos producidos por el desconocimiento de la realidad interior que vive la otra persona, y en segunda medida deberemos saber que no estamos en condiciones de modificar la realidad del otro al menos que comencemos por una verdadera transformación y renovación de nuestras vidas.
En conclusión, el desarrollo de las relaciones con las personas nace y crece dependiendo de su comienzo, por lo cual lo invito a reconocer los orígenes y los motivos de sus acciones antes de enfrentar a otra persona a los fines de que éstos favorezcan tanto sus intereses como los de ella.

Franco Roggero (Comunicador Social)

martes, 6 de marzo de 2012

La palabra correcta en el momento correcto


"Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene".
Rey Salomón.

Uno de los grandes desafíos para las personalidades públicas o para quienes ejercen alguna autoridad en el ámbito social es decir la palabra justa en el momento oportuno.
En el momento de brindar una conferencia, dar una orden, o tomar alguna decisión, la primera pregunta que viene a la mente es: "¿Qué es lo que debo decir...?", y, sin embargo, es muy común que incluso nos arrepintamos de haber dicho algo fuera de contexto, o simplemente haber obviado alguna información que pensábamos decir pero que, por razones de tiempo u organización debió suspenderse, lo cual genera sensaciones de culpa y de arrepentimiento.
En el mundo de las relaciones pasa exactamente lo mismo. Recuerdo haber escrito en alguna edición anterior una editorial sobre el poder de las palabras, las cuales, según su virtud, pueden dar vida o dar muerte.
En ese sentido creo conveniente que repasemos algunos conceptos claves que nos ayudarán a mejorar nuestra relación con quienes deciden,por algún motivo, compartir parte de su tiempo con nosotros, tomando como ejemplo los siguientes puntos del manual titulado "25 Maneras de Ganarse a la Gente":
1. Las palabras inadecuadas dichas en el momento incorrecto me desaniman.
2. Las palabras inadecuadas dichas en el momento correcto me frustran.
3. Las palabras adecuadas dichas en el momento incorrecto me confunden.
4. Las palabras adecuadas dichas en el momento adecuado me animan.
¡Cuántos de nosotros habremos experimentado la satisfacción de escuchar la palabra correcta en el momento adecuado! Ésto produjo algunas transformación; nos abrió los ojos a la realidad que necesitábamos ver.
Sin embargo, no siempre es conveniente hablar, hay ocasiones en que es mejor simplemente estar presente en la vida "del otro" para escuchar.
Jhon Maxwell, uno de los expertos en liderazgo más reconocido del mundo, aseguró que la mayoría de las personas reconocen que las palabras tienen un poder increíble.
El teólogo y editor, Tyron Edwards dijo: "Las palabras pueden ser mejores o peores que los pensamientos; ellas los expresan y hasta les añaden cosas; les dan poder para bien o para mal; los llevan a un vuelo eterno de instrucción, aliento y bendición o de herida, pena y ruina".
Pero las situaciones son más complejas aún, no solo es importante lo que decimos, sino el momento en que lo decimos.
Es necesario que veamos el contexto en el que se desarrolla el encuentro con el otro, siendo sensibles del momento y del lugar. Éste es, según Maxwell, el secreto de una comunicación exitosa: "Si usted puede aprender a ser sensible al ambiente en el que se encuentra, ya ha ganado la mitad de la batalla para decir las palabras adecuadas en el momento correcto".
He aquí la importancia de olvidarnos de lo queremos decir y enfocarnos en la necesidad de quien estará escuchando. Maxwell da otros dos pasos para mejorar nuestro diálogo en la relación con los demás. El primero es una pregunta: ¿Qué es lo que me gustaría escuchar si estoy en el lugar de la otra persona? , y el segundo, una propuesta: Haga que el día de alguien, o quizás toda su vida, sea diferente.

Franco Roggero (Comunicador Social)

lunes, 13 de febrero de 2012

Probá con 1:30 de tu tiempo

Como podrás comprobar por tu propia cuenta, en nuestra sociedad, tomarnos 1:30 minutos para escuchar al otro con total atención, se ha convertido en una “misión imposible”.
El incontenible impulso de querer hablar y considerar nuestra verdad como la más importante y oportuna, nos ha convertido, casi sin darnos cuenta, en seres absolutamente apáticos ante la vida de quienes nos rodean.  
Por lo visto, en la que algunos dan por llamar “la sociedad de los sermones”, a la que nos estamos acostumbrados, sin dudas, es más fácil hablar que callar.
La propuesta no es justamente desafiarnos a evitar poner el piloto automático y cara de mejor oidor a la hora de escuchar a las personas con quienes compartimos cada día, sino a invertir un mínimo de tu tiempo en pos de conocer lo que aquellos en verdad quieren decirte.      

lunes, 26 de diciembre de 2011

Sentirnos únicos nos hace mal


La necesidad interior y colectiva de crear nuevos espacios de libertad en una sociedad que se construye sobre lo que, en parte, desconoce.

Dos polos se atraen y dan origen a las relaciones entre iguales, los dos ocupan un espacio único, la misma clase de protagonismo, un protagonismo estático; la intolerancia a no abandonar, por iniciativa propia, una posición.
No podemos pensarnos de otra forma, el modelo de vida no nos permite, es, quizás, el producto de un ideal que reniega desde su raíz. Construimos desde lo que pensamos, pero raramente pensamos en lo que nos hace pensar lo que construimos.
¿Cómo terminar de conocernos si esto ocurre entre nosotros? ¿Quién es el que termina por poner límites a las cosas que, de alguna manera, terminan siendo ilimitadas e infinitamente dinámicas?
Nosotros mismos, callamos cuando en realidad queremos gritar, soñamos con descubrir lo nuevo, pero evitamos el proceso de buscarlo, peleamos pero deseamos la paz, y odiamos porque no encontramos el amor.
El hecho de considerar que los conflictos personales en el mundo de las relaciones son producto de nuestra desgracia prefabricada lo convierte en una consecuencia mayor a los problemas con los que debemos enfrentarnos día tras día.
“La relación con mi padre nunca fue la que hubiese querido que sea”, esta frase me la dijo un viejo amigo como una forma de realizar su aporte al asunto que nos compete. Definitivamente, el sentirnos únicos nos hace mal. 
Hay cosas que cambiaría de la gente que me rodea, me cuesta aceptar el estado actual de las cosas, por la simple razón que el sentirnos únicos nunca va a terminar por convencernos.
Usted preste atención a esto: ¿Cuántas veces piensa lo mismo de una persona a la cual cree conoces?
Sin dudas, algo tenemos en común; cuando nos enfocamos en el problema, éste toma dimensiones, y coexiste en el vínculo afectivo, porque se piensa desde la concepción individual y no compartida. Allí está el error. El mecanismo de pensar es un proceso individual, pero no significa que no podamos elegir pensar de otras formas, somos libres y con dominio propio, en la mayoría de los casos.
Con frecuencia tomamos la carga de una vida secreta de pensamientos ocultos que tiene su punto principal de conflicto en creer que se trata de una cuestión establecida y personal, generado en la idea de que los problemas y los conflictos negativos, que se viven a diario, son propios y no universales.
Por eso, es necesario saber que, mientras atravesamos una situación positiva, o negativa, nuestro vecino, por ejemplo, está experimentando lo mismo.    
Pues, de un instante para otro, mientras narraba este artículo, me di cuenta que la mujer que estaba sentada a mi lado, que me miraba seriamente, y a quien parecía no agradarle, seguramente sería la que levante la lapicera si se me llegase a caer al piso, y el chico que susurró sobre mí algo que no me agradó demasiado pasó a ser ahora quien me inspiró para poder escribir de él.  
Tenemos la capacidad de construir un imaginario el cual, con frecuencia, está cimentado, sobre formas negativas establecidas por el sistema de representaciones, pero lo mejor es que aún mucho debemos aprender de quien vendría a ser “nuestro peor enemigo”.   
En conclusión, en el amanecer del día, nos topamos, quizás, con afirmaciones mentales tales como: “Hay cosas que cambiaría de algunas personas”, o “me cuesta aceptar mi estado económico”. Así y todo, lo peor de estos males radican precisamente en el sentir que estos problemas únicamente son suyos. 
Le invito entonces a que imagine por algunos segundos que usted está en los zapatos de las personas que son más influyentes en su vida. Pueden ser familiares, amigos, compañeros de trabajo, o un profesor. Una  vez que lo haya pensado y haya decidido en el lugar de quien se ha colocado, es necesario que responda las siguientes preguntas; ¿Qué dicen estos de usted?; ¿Cuáles son sus problemas y sus luchas?; ¿Alguna vez se lo preguntó?
El considerarnos el centro de la vida es lo que nos arrebata justamente la posibilidad de mirarnos.
Existe un supuesto universalizado, producto de las sociedades capitalistas que tiene por lógica la acumulación y el enriquecimiento individual que en la vida real se ve traducido en enfoques poco alentadores: El crecimiento del número de divorcios, el de los conflictos laborales por dinero, las peleas y enfrentamientos familiares, el debilitamiento de la confianza entre las personas, el desorden alimentario, el aumento del uso de psicofármacos y de ayuda psicoterapéutica.
El concepto de “diseño único” es real, bueno y legítimo; no existe alguien igual a otro en La Viña del Señor, pero justamente por esa razón produce el efecto positivo que necesitamos en la medida en que simultáneamente no se abandone el concepto de “vida compartida” y el principio de “comunidad cultural” en donde los participantes tenemos el gran desafío de no renegar de nuestra condición individual por la semejanza que nos sostiene ante el mundo.

Franco Roggero (Comunicador Social)