El poder de las palabras.

El escritor y periodista estadounidense y uno de los principales novelistas y cuentistas del siglo XX, Ernest Hemingway, dijo en una oportunidad: "Se necesitan dos años para aprender a hablar, y setenta para aprender a callar".
Indudablemente, la lengua tiene un poder que resulta dificil de dominar. Se necesita una vida para lograrlo.

domingo, 12 de agosto de 2012

Acortar distancias


Comúnmente, la búsqueda de “otros” como protagonistas sociales nos han llevado a ignorar la importancia y los alcances de nuestra propia vida. Como consecuencia de esto, podremos notar que existe, en todas las esferas públicas, una pérdida de autoridad sobre lo que decimos y lo que hacemos, y sobre lo que entendemos ser y lo que somos en realidad. Generalmente, nuestras palabras van primeras en la carrera cotidiana, anunciando lo que queremos ser, pero no siempre somos capaces de alcanzar, con nuestros hechos, aquellos que decimos.
Éste fenómeno colectivo, con el paso del tiempo, viene causando profundas consecuencias a la hora de desarrollarnos como individuos y como sociedad. El distanciamiento entre lo que afirmamos ser y lo que realmente somos ha creado altas y gruesas murallas que nos separan de nuestras propias verdades y por consecuencia de nuestra relación con las personas que nos rodean, por el hecho de que lo que necesitamos como seres humanos no es solo un consejo, sino que lo que demandamos como sociedad es que al menos alguien nos garantice que es capaz de llevar a cabo, con su propia vida, aquello que predica.  
Por esta razón, es que el presente y el futuro pertenecen a los pocos que todavía están dispuestos a ensuciarse las manos, los que encuentran coherencia entre lo que dicen y lo que hacen. Éstos, a mi modo de ver, son los únicos capaces de conseguir autoridad ante el mundo, solamente porque son capaces de acortar la distancia que existe entre el decir y el hacer.
Mi invitación es a que puedas desafiarte a reducir esas distancias para que te conviertas finalmente en ese hombre o en esa mujer capaz de ejercer el dominio propio en homenaje de un valor fundamental en peligro de extinción: Tu plena verdad.  

domingo, 15 de abril de 2012

¿Cómo terminar bien?: Comenzando bien...


Es notable como las relaciones con algunas personas se ven dañadas en algún momento de nuestra vida.
Esto, en la mayoría de los casos, sigue siendo implicitamente el principal problema en la agenda de las sociedades.
Las pruebas aparentemente difíciles de superar, las diferencias intelectuales, las necesidades personales y las tradiciones culturales que nos hacen seres diferentes también se han convertido en una peligrosa herramienta a la hora de desarrollar acciónes compartidas.
Cada una de las personas sobre la faz de la tierra tiene una mirada única sobre las cosas - no importa el tiempo o la manera en que conocemos a la otra persona (puede ser alguien de nuestro entorno familiar)-, ésta es una condición sine qua non que debemos atravesar casi cotidianamente, por lo cual es necesario que retornemos a las bases de dichas relaciones. Nos vemos obligados a trabajar duro para crear cimientos firmes durante la etapa inicial de la relación.
Inevitablemente somos diferentes y por eso experimentamos diferencias casi cotidiana, sobre todo si no ocurre un hecho doloroso que nos haga más sensible ante los demás.
Sin embargo, cuando desarrollamos alguna relación con alguien de nuestro entorno hay una única manera de terminar bien: Comenzando bien. Este es el mapa de ruta del que camina hacia un encuentro real con "el otro" o el plano del constructor que aspira a disfrutar de relaciones sobre cimientos sólidos.
Nuestro trabajo será construir, en primera medida, sobre lo que es real y no sobre las emociones que muchas veces son preconceptos producidos por el desconocimiento de la realidad interior que vive la otra persona, y en segunda medida deberemos saber que no estamos en condiciones de modificar la realidad del otro al menos que comencemos por una verdadera transformación y renovación de nuestras vidas.
En conclusión, el desarrollo de las relaciones con las personas nace y crece dependiendo de su comienzo, por lo cual lo invito a reconocer los orígenes y los motivos de sus acciones antes de enfrentar a otra persona a los fines de que éstos favorezcan tanto sus intereses como los de ella.

Franco Roggero (Comunicador Social)

martes, 6 de marzo de 2012

La palabra correcta en el momento correcto


"Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene".
Rey Salomón.

Uno de los grandes desafíos para las personalidades públicas o para quienes ejercen alguna autoridad en el ámbito social es decir la palabra justa en el momento oportuno.
En el momento de brindar una conferencia, dar una orden, o tomar alguna decisión, la primera pregunta que viene a la mente es: "¿Qué es lo que debo decir...?", y, sin embargo, es muy común que incluso nos arrepintamos de haber dicho algo fuera de contexto, o simplemente haber obviado alguna información que pensábamos decir pero que, por razones de tiempo u organización debió suspenderse, lo cual genera sensaciones de culpa y de arrepentimiento.
En el mundo de las relaciones pasa exactamente lo mismo. Recuerdo haber escrito en alguna edición anterior una editorial sobre el poder de las palabras, las cuales, según su virtud, pueden dar vida o dar muerte.
En ese sentido creo conveniente que repasemos algunos conceptos claves que nos ayudarán a mejorar nuestra relación con quienes deciden,por algún motivo, compartir parte de su tiempo con nosotros, tomando como ejemplo los siguientes puntos del manual titulado "25 Maneras de Ganarse a la Gente":
1. Las palabras inadecuadas dichas en el momento incorrecto me desaniman.
2. Las palabras inadecuadas dichas en el momento correcto me frustran.
3. Las palabras adecuadas dichas en el momento incorrecto me confunden.
4. Las palabras adecuadas dichas en el momento adecuado me animan.
¡Cuántos de nosotros habremos experimentado la satisfacción de escuchar la palabra correcta en el momento adecuado! Ésto produjo algunas transformación; nos abrió los ojos a la realidad que necesitábamos ver.
Sin embargo, no siempre es conveniente hablar, hay ocasiones en que es mejor simplemente estar presente en la vida "del otro" para escuchar.
Jhon Maxwell, uno de los expertos en liderazgo más reconocido del mundo, aseguró que la mayoría de las personas reconocen que las palabras tienen un poder increíble.
El teólogo y editor, Tyron Edwards dijo: "Las palabras pueden ser mejores o peores que los pensamientos; ellas los expresan y hasta les añaden cosas; les dan poder para bien o para mal; los llevan a un vuelo eterno de instrucción, aliento y bendición o de herida, pena y ruina".
Pero las situaciones son más complejas aún, no solo es importante lo que decimos, sino el momento en que lo decimos.
Es necesario que veamos el contexto en el que se desarrolla el encuentro con el otro, siendo sensibles del momento y del lugar. Éste es, según Maxwell, el secreto de una comunicación exitosa: "Si usted puede aprender a ser sensible al ambiente en el que se encuentra, ya ha ganado la mitad de la batalla para decir las palabras adecuadas en el momento correcto".
He aquí la importancia de olvidarnos de lo queremos decir y enfocarnos en la necesidad de quien estará escuchando. Maxwell da otros dos pasos para mejorar nuestro diálogo en la relación con los demás. El primero es una pregunta: ¿Qué es lo que me gustaría escuchar si estoy en el lugar de la otra persona? , y el segundo, una propuesta: Haga que el día de alguien, o quizás toda su vida, sea diferente.

Franco Roggero (Comunicador Social)

lunes, 13 de febrero de 2012

Probá con 1:30 de tu tiempo

Como podrás comprobar por tu propia cuenta, en nuestra sociedad, tomarnos 1:30 minutos para escuchar al otro con total atención, se ha convertido en una “misión imposible”.
El incontenible impulso de querer hablar y considerar nuestra verdad como la más importante y oportuna, nos ha convertido, casi sin darnos cuenta, en seres absolutamente apáticos ante la vida de quienes nos rodean.  
Por lo visto, en la que algunos dan por llamar “la sociedad de los sermones”, a la que nos estamos acostumbrados, sin dudas, es más fácil hablar que callar.
La propuesta no es justamente desafiarnos a evitar poner el piloto automático y cara de mejor oidor a la hora de escuchar a las personas con quienes compartimos cada día, sino a invertir un mínimo de tu tiempo en pos de conocer lo que aquellos en verdad quieren decirte.