El poder de las palabras.

El escritor y periodista estadounidense y uno de los principales novelistas y cuentistas del siglo XX, Ernest Hemingway, dijo en una oportunidad: "Se necesitan dos años para aprender a hablar, y setenta para aprender a callar".
Indudablemente, la lengua tiene un poder que resulta dificil de dominar. Se necesita una vida para lograrlo.

sábado, 9 de julio de 2011

El camino descendente


 
Cuando hablamos de liderazgo, es común imaginarnos una figura que expresa poder para hacer e impartir órdenes y acciones compartidas. Sin embargo, si examinamos, por ejemplo, a quienes fueron nuestras autoridades en la esfera pública es habitual que esa figura se encuentre casi siempre cuestionada.
Me pregunto; ¿Hasta dónde llega la medida del exitoso y la popularidad según el común denominador de la gente?
En el inconsciente colectivo siguen existiendo contradicciones, y aún muchos expresan no reconocen a un líder que haya sabido representar el interés general de las personas.
Este fenómeno, que se viene produciendo en las últimas décadas de nuestra historia tiene que ver originalmente con la falta de un nuevo modelo de liderazgo que camine hacia abajo.
¿Qué significa caminar hacia abajo?
Hoy, los padres de familia, los políticos, los gobernantes y los representantes de organizaciones y grupos sociales procuran hablar de buenas ideas, innovaciones, y acciones triunfalistas de las que ellos no dudan en poner sus firmas.
Sin embargo ningún líder puede impactar a la sociedad si no se muestra tal cual es y si no reconoce sus errores, incluso, entre sus subordinados.
El liderazgo que no camina un “camino descendente” se alejan del interés común de las personas y, aunque parezca una contradicción, está más lejos de perder que de ganar.
La gente necesita un modelo al cual seguir, alguien que se aventure a hacer lo que los otros harían por él. 
Les invito entonces a pensar en una nueva forma de liderazgo, una que se contradice con muchos de los modelos que nos resultan de los más conocidos, los que procuran de todas las maneras coronar de gloria su vida pública y privada, poniendo el énfasis en la obra y no en la manera de trascender en las vidas de quienes lo rodean. 
Es habitual que escuchemos a las autoridades intentando, de todas las formas, generar acciones acompañadas de discursos que los coloquen como referentes sociales o personalidades queridas y admiradas por la gente. 
No obstante, ese líder de poca permanencia, que piensa más en razones populosas que en acciones solidarias que trascienda vidas, tarde o temprano terminará por descalificar su posición de autoridad para inscribirse en el listado casi interminable de personajes criticados por el pueblo.  
Un buen ejemplo para graficar la figura de un líder es un maestro de escuela. Un profesor un día me preguntó: “¿Recuerdas a algún maestro que haya marcado tu vida de alguna manera?, ¿Qué te acuerdas de él o ella?, ¿Cómo lo o la recuerdas?...”
“Si ya pensaste en esa persona”, me dijo mí y al resto de mis compañeros, “te invito a que trates de recordar algunos de los contenidos que éste/a te ha enseñado durante el tiempo que asististe a clases...”
La mayoría de las personas consultadas respondieron que lo que más le dejó grabado ese maestro o maestra fueron sus características personales. En vendad, pocos recordaban parte de los contenidos expuestos durante el período de aprendizaje, sino que los destacó fue la forma en que enseñaban.
El “camino descendente” de un líder tiene que ver con esto, con la condición de despojarse de su lugar de privilegio o de jerarquía para bajar hasta los lugares ajenos y posicionarse entre los más excluidos de la esfera de “poder”.  
El éxito de un líder que trascienda como ejemplo en cualquier ámbito de la vida depende de transitar o no por este camino.
“El camino descendiente” significa reconocer que lo que elegimos no siempre es lo acertado. La base del éxito está en saber bajar escalón por escalón, no considerándose superior a los demás sino reconociendo las propias debilidades y saber compartirlas públicamente.
Cuando un líder se coloca como subordinado, aprende a caminar entre la franja de los subordinados y se considera como tal, esa persona está más cerca de conservar su autoridad que aquel que desenfrenadamente intenta sostener su lugar en la cima del éxito, donde la gente sólo percibe las falencias que terminará por humillarlo a la luz de todas las miradas.
En conclusión, la razón por la cual el modelo de liderazgo vigente se ubica lejos de los intereses de la gente es porque muchas veces no estamos capacitados en reconocernos menos que el resto.
      
Escribe: Franco J. Roggero

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